domingo, 23 de junio de 2013

Carta a los que un día fueron sueños pero nunca realidades

Un día en medio de un almuerzo, en una ciudad ajena, en un espacio neutral tuve un vistazo de un futuro, ahí estaban aquellas personitas parte tuya y parte mía: Mateo y Samantha (fue los nombres que después les asignamos), aquellos que en lugar de almorzar cumplían con su labor propia de infantes: jugar, corretear, arrojar la comida hacia un lado y otro, mientras sus padres disfrutan mirando la escena procurando no perder el control para que la comida no se convierta en un reguero por todo el piso de aquel patio de comidas.

En un instante, apenas un ligero pestañear me trasladó a la realidad y me hizo comentarte aquel sueño que tuve estando despierto en una fracción de segundo, aquel futuro probable, casi palpable, el cual aquel día se plasmó en un sueño realizable y por el cual se empezó a proyectar y trabajar.

Más la ingrata y amarga distancia logró frustrar el sueño, consiguió que cambiemos, que escojamos otras metas y que simplemente la imagen de estos dos infantes se disipe en el aire como la niebla más densa.....

Hoy pido disculpas a aquellas pequeñas personitas que pudieron ser y que ya no serán, porque tuvimos la capacidad de traerlas al mundo y no lo hicimos por nuestro sentido egoísta de la vida. Cuán duro es pensar que casi los pude palpar un día, fue un sueño tan real, que terminé creyéndome un actor en esa realidad, más al volver al presente defino que los sueños están al alcance de las manos, pero el lograrlo depende siempre del ímpetu, el coraje, la fuerza y determinación que seamos capaces de transmitir en cada una de nuestras acciones conducentes a conseguir cada uno de nuestros objetivos.

Un hasta siempre y será un nuevo comenzar para aquellos que pudieron ser pero no fueron....